Aventuras
y desventuras de conseguir patrocinantes.
Mucha gente me consulta sobre cómo conseguir patrocinantes. Algunos
que recién se inician tienen la ilusión de que el viaje que
van a realizar es el Gran Desafío y que por eso alguien los tiene
que bancar. Ingenuamente no se dan cuenta que lo que buscan son un vacaciones
pagas. Yo también he pecado de ingenuo y en algún momento
creí que el ser un buen deportista y tener nobles ideales era motivo
suficiento como para conseguir apoyo. En el relato que ofrezco hago una
síntesis de algunas experiencias.
Al
Ironman con 30 dólares. (me banca la abuela)
Con 19 años, mi sueño era correr un Ironman. El de Hawaii
era inaccesible pero cuando descubrí que se hacia uno en Rio de
Janeiro, me puse a entrenar y ahorrar. En 1989 no hice otra cosa que entrenar
y trabajar en ocasionales changas de pintura. No tendría muchas
oportunidades, ya que cuando cumpliera 21 años tenía previsto
entrar a la escuela de guardaparques. Como vivía con mi abuela,
no pagaba alquiler y mis gastos eran mínimos: no me iba a comprar
nada que no sirviera para el deporte. No salía de noche ni saldría,
abstemio y vegetariano, lo único que deseaba era comer bien y entrenar
bien, aunque muchas veces entrenaba mal por excederme en la distancia.
Todos los días pasaba por "Italcicle" con mi antigua
Raleigh de media carrera y me fijaba si alguien no se había llevado
la superbicicleta que lucía en la vidriera. Era lindo soñar:
mi bici ya tenía palancas de aluminio y una computadora a la cual
me encantaba sumarle kilómetros. De a poco se iba transformando
en bicicleta de carrera. Los pedales con traba eran aun inaccesibles y
el mantenimiento de la bici se hacía caro. Las coronas se iban
gastando y pronto necesitaría cambiar el piñón...
Algunos dientes saltaban, pero lo terrible era el desgaste que sufrían
los tubos!. Había probado con pegarle cinta adhesiva alrededor
de la banda de rodamiento, pero no había caso.
Un día tuve el coraje de entrar a la bicicletería y preguntar
si no me querían auspiciar con un par de tubos. Me enorgullecía
entrenar para un Ironman, en aquel entonces no había casi nadie
que lo hiciera, pero así y todo sentí vergüenza. El
bicicletero se había enterado que a veces llegaba a pedalear 1500
km semanales, aparte de lo de trote y natación, y quizás
por eso no me dio un no rotundo. De todos modos, ni siquiera conseguí
un descuento, para comprarlos habría que seguir buscando los mejores
precios en Quilmes. Los tubos que usaba eran de los mas resistentes que
había (Alvarez "Cross" y Monti "Reforzado"
). Llegué a descoser y volver a coser dos tubos íntegros
sacándole totalmente la cámara. El error lo cometí
al coserlo con hilo de nylon y cuando lo inflé se estiró.
De nuevo a descoserlo y coserlo con hilo que extraje de otros tubos. Fueron
siete horas de empecinada testarudez para rescatar un tubo!. A partir
de ese día me fui poniendo experto en reciclar. Ya no rompía
tantas agujas y en los dedos me salieron callos.
Era cierto que la abuela me auspiciaba, pero no era un banco. Para llegar
a Río, tuve 40 horas de bus y cuando llegué me encontré
solo y con 30 dólares para sobrevivir una semana. Gracias a Dyan
Madruga, el organizador, tuve una buena semana de aclimatación,
lógicamente que con rebusques que me ayudaron a estirar mi escaso
capital.
Estaba orgulloso de mi última adquisición: un piñón
Regina Oro con 12 dientes en la corona más chica. Según
creía esa era mi "arma mortal", pero los colegas brasileños
me desilusionaron al decirme que el terreno era muy montañoso y
no tendría relación para subir: 42 x 17 era poco. Parado
en los pedales y haciendo fuerza a lo loco, sobreviví a la etapa
de ciclismo y quedé quinto en la clasificación total del
triatlon. No hice otra cosa que resistir y gracias a eso estuve entre
los 11 sobrevivientes que completaron la prueba de los 35 que largaron.
Sandwich
de banana y calabozos (1991)
En el primer Ironman me enteré que había pruebas más
largas. Quería probar como era eso y a partir de ahí me
propuse entrenar para el triatlon más largo de la historia. Nada
más y nada menos que un "Quintuple Ironman" (19 km de
nado, 900 km. de bici y 211 km. de trote). Creía que participar
en esa prueba debía ser algo heroico así que me propuse
demostrar que tenía las condiciones para hacerlo. Mis recursos
eran limitados y debía encontrar a alguien que me auspiciara. Limitada
también era mi capacidad de imaginar y no sabía que sólo
por hacer mérito deportivo, no me iban a bancar...
Primero fueron 100 km pedestres en Salvador (Brasil), con una mediocre
9ª posición, pero a sólo 14 días de esa ultramaraton,
tuve la revancha en los 100 km de Uberaba (Minas Gerais), con una sexta
posicion y primero en la categoría.
"Colibro Livraria" (Rio de Janeiro), fue mi primer auspiciante.
Me dieron U$S100, no lo podía creer!. Para mi fue más que
un trofeo y ese billete significaba la esperanza de conseguir auspicio.
Si me lo habían dado en Brasil, cómo no lo conseguiría
en mi país?
A los 6 dias de correr la segunda ultramaraton, preparé la bici
y las alforjas. La carta de recomendación de un amigo, policía
militar de Rio de Janeiro, me presentaba como un deportista que regresaba
a su patria pedaleando. Ese fue mi pasaporte para ingresar en las comisarías
del camino y obtener un seguro calabozo para descansar. Sin pedirlo, también
recibía arroz y feijoado. Durante el dia la formula era: sandwich
de banana, un combustible muy barato y efectivo.
De Rio de Janeiro a La Plata: fueron 3225 km, 18 dias y menos de $20 de
gasto. A partir de ese viaje empecé a tener la esperanza de viajar
por el mundo...
Rifas
para ir a un Ironman x 5. Y amigos... (1991)
Lo máximo que se había hecho era un Ironman x 3 y esta vez,
en Holanda, la distancia se multiplicaba x 5, sería una prueba
que haría historia. Cinco meses antes del mes de Octubre de 1991,
hice todo lo que podía hacer físicamente y demostré
que estaba en condiciones de participar en la prueba de triatlon más
larga del mundo. Sin embargo, mi mérito deportivo no era para nada
comparable a lo inútil que era comercialmente para vender lo que
hacía. El idealismo no me alcanzaba para conseguir los aéreos
para Holanda, apenas tenía una marca de ropa que me vestía
(en realidad vendía la mayoría de las prendas y me arreglaba
con un mínimo).
La Asociación Platense de Triatlon hizo rifas y Federico Dillon
me prestó $1500. Por este motivo viajé con mucha responsabilidad,
no corrí tranquilo y completé la prueba (9º puesto)
como quien cumple con una responsabilidad. Al regresar estaba eufórico,
me excedí en el trabajo y en el entrenamiento y en un poco más
de un mes cancelé las deudas. Ese fue un verdadero récord,
la disciplina de ultratriatleta también la podía canalizar
en el trabajo. Rasquetear, lijar paredes y cielorrazos durante 12 horas
seguidas igual podía resultar un desafío.
Pedalear
es barato: Al Decaironman me voy en bici. (1992)
Ya habia completado el primer Quíntuple y quería participar
en el primer Ironman x 10 (38 km deN. 1800 km de C. y 422 km de P.). El
desafio de ir en bicicleta hasta el N. de México (Monterrey), me
resultaba muy atrayente, quizás más que completar esta prueba,
que titulaban: "The Perfect Ten". Al ir en bicicleta me evitaría
renegar con posibles patrocinantes tratando de obtener el pasaje aéreo.
La carrera de guardaparques la cambié por la carrera de ultradistancia,
sin embargo la vocación de servir al cuidado de la naturaleza estaba
latente. Me decidí llamar la atencion hacia la causa conservacionista
y hacia un vehículo ecológico que me permite disfrutar y
cuidar la naturaleza. En el camino pasaría por medios de prensa,
escuelas y fundaciones ecológicas. Hice 240 medallones de cerámica,
material muy económico (aunque bastante pesado) y les grabé
un logo y una inscripción con el mensaje de la campaña.
Eran para entregarlos en lugares específicos y aunque no tuviera
un $, jamás los vendería.
Unas semanas antes de viajar una marca de ropa se decidió a auspiciarme.
Yo me resistí a viajar en avión y quedamos que le pagarían
parte del aéreo a Saúl, un amigo que iba como asistente.
Fueron 87 dias, 10.500 km y 11 países, lo que me llevó llegar
a Monterrey. Muy pocos días para muchas e interesantes experiencias
que tardaría tiempo en asimilar. Increiblemente en el Decaironman
completé más del 20 % de mi viaje transcontinental, en sólo
11 días, dando vueltas en un circuito de 1.6 km!. La pregunta que
más me hacía la gente es: -en que pensás?... muchas
veces pensaba en cómo conseguir auspicio.
Adiós
a una oportunidad...
En Monterrey me declararon ciudadano ilustre, entregaron una placa y me
consiguieron un pasaje para regresar a la Argentina y luego volver a México.
Tenía expectativas de completar lo que me faltaba desde Monterrey
a Alaska, pero en Argentina, la falta de auspicio y la mala situación
económica frustró las posibilidades de retornar.
"Vuelta
a la Argentina" con sandwich de "Power Bar" y $130 (1993)
¿Qué mejor que empezar una vuelta al mundo por el propio
pais?
Siempre había querido unir la Quiaca con Ushuaia. La posibilidad
de hacerlo en bici me resultaba muy interesante: le podia dar continuidad
a la campaña ecológica del año anterior y tendría
la experiencia de vivenciar todas las geografias de un país tan
amplio. Sería una buena misión, experiencia y entrenamiento.
La vuelta a la Argentina se tituló: "Pedaleando por la vida".
Durante el recorrido iría visitando escuelas y entregando material
de fundaciones ecológicas y una propuesta de participación
escolar. Hice afiches, calcomanías y remeras, con los mensajes
de la campaña, para entregar gratuitamente. El desarrollar todo
ese material y financiarlo, implicó un esfuerzo de producción
y una lucha para conseguir sponsors, que culminaba a veces poniendo plata
de mi bolsillo.
Establecí relacion con un patrocinante (Specialized, Power Bar),
que me planteó la posibilidad de financiar la vuelta. El plan sería:
hacer 500 remeras con diferentes motivos de la campaña ecológica,
250 de estas remeras quedarían para repartir en escuelas y la otra
mitad las tendría que vender para entregarle a mi esponsor el 50
% de lo recaudado.
Mientras pedaleaba me iba reabasteciendo del material didáctico
que entregaba en las escuelas y de las invaluables tabletas de Power Bar
(me enviaban las que tenían fecha cercana de vencimiento). Esta
vez se me ocurrió implementar los sandwich de Power Bar, en aquel
entonces había sólo tres gustos de esas barras y los de
nuez de malta quedaban muy bien con el pan. Fue mi combustible fundamental
para completar los 11.900 km, en 77 etapas de pedaleo. En total comíi
374 barritas (sólo algunas en sandwich), a un promedio de casi
5 por dia. A veces también me cocinaba y me daban algo de comer
en las escuelas..
Si me quedaba en el campo dormía en carpa, pero por lo general,
para ir realizando la campaña, era mejor dormir en los pueblos.
Calabozos, escuelas y municipalidades podían ser un buen refugio
para la noche.
Los gastos se me redujeron al mínimo y finalmente con el bajo costo
de $130, recorri las 23 provincias, visite 14 Parques Nacionales y 116
escuelas.
2da
Vuelta a la Argentina: "Contrarreloj 5 estrellas"
Esta vez la historia fue diferente, tuve la suerte de conseguir el auspicio
de "Proyecto 21" (Vicegobernacion de la Provincia de BS AS),
para recorrer nuevamente todas las provicias y continuar con la campaña
del año anteior. Pero la gran diferencia quedo establecia en que
no iria sólo: lo haría con una camioneta de apoyo y un pequeño
grupo que me asistiría. Ya que contaba con un servicio que jamás
había tenido, me propuse hacelo "contrarreloj", con vistas
a tomármelo como un entrenamiento para correr la "Race Across
America" (carrera que cruza los EEUU. de costa a costa).
A pesar del confort, estaba mejor preparado para viajar solo y terminé
completando esta vuelta con alforjas. No me quedé tan solo: un
yeso me acompañó los últimos 8.500 km y estuvo en
mi brazo, producto de una rotura de escafoides, por 93 dias.
Aconcagua:
-"Quedate con la bici, pibe" (1994).
No sólo quería demostrarme que con la bicicleta, aunque
sea a cuestas, podía llegar a cualquier lugar, sino que tenía
muchas expectativas de que esa marca de la bicicletas me apoyara en la
vuelta al mundo...
Con experiencia casi nula en montañismo, encarar el desafio de
ascender los 6969msnm del "Techo de América", era riesgoso
y por eso hoy me doy cuenta de lo afortunado que fui de que algunas firmas
(Broni, Fugate y Hector Vieytes), me entregaran equipo y confiaran en
mí.
Trabajaba como guardavidas en la pileta de un Club Banco Provincia (City
Bell) y para irme me dieron permiso por 15 dias. Cumplí con el
tiempo establecido y a los 14 días regresé orgulloso de
hacer cumbre y con una foto en donde aparecía con un banderin del
club en la cima. Pero me encontré con la triste noticia de que
estaba despedido porque la autorizacion no me la había dado la
persona que correspondia!.
Como consuelo: la firma que me dio la bicicleta en prestamo, me dijo:
- Quedate con la bici, pibe.
Con esa misma bicicleta uniría Alaska con Ushuaia y daria la vuelta
al mundo por el hemisferio norte.
"Cha, Cha, Cha!" : Me tomo 5 minutos...
La preparación para largar la vuelta al mundo fue continua y progresiva
durante un lapso de 8 años.
Despues de haber realizado las pruebas que acabo de describir, se dio
el momento de largar la vuelta al mundo. Trabajé, ahorré
y conseguí ayuda de amigos de Argentina y España, pero ninguna
firma que pusiera dinero. Sin embargo desarollé algo más
valioso: experiencia y capacidad que me permitiría sobrevivir y
llegar pedaleando a casi cualquier lugar.
Entre esos lugares remotos, a donde llegué por mi propio esfuerzo
se encuentra el desierto de Pakistan.
Un beduino sale corriendo de su ranchito mimetizado en el desierto y corre
a la par de mi bici con un entusiasmo sorprendente. Grita eufórico:
"Cha, Cha , Cha!" (té, té, té). No me quiere
vender nada, simplemente quiere halagarme y ser mi anfitrion. La curiosidad
es mutua: él se pregunta cómo hice para llegar ahí
con una simple bicicleta, a la cual mira con curiosidad para ver si no
tiene algún cohete. Y yo me pregunto: cómo hace este hijo
de Alá para vivir ahí en semejante soledad y en donde por
las tardes las tormentas de viento azotan como el peor castigo?. Estoy
contento, porque los dólares de mi sponsor de nada hubieran servido...
llegué ahí por mis propios medios, aun me quedan fuerzas
para seguir, aunque parezca medio muerto y el elixir de Mohamed me renueva.
Benditos los patrocinantes del camino, aquellos que dan desinteresadamente!
La
vuelta al mundo: " Un producto"
No hace mucho me encontré con un muchacho, que realizó un
corto viaje y a partir de ahí se le ocurrió programar una
vuelta al mundo. No me sorprendió esta decisión, ya que
el cicloturismo es apasionante e invita a la aventura. Lo sorprendente
fue cuando me dijo: "-Quiero dar la vuelta al mundo porque lo veo
como un buen producto". Jamás lo había visto así,
pero yo estaba ante un pequeño empresario, que tenía su
parte de razón en lo que argumentaba.
"Convicción": Así es el mundo de los negocios.
Si se está convencido que lo que se tiene es un buen producto y
se puede convencer a empresas que poner dinero, es negocio. Quizás
juntemos más dólares de los necesarios para pedalear. Es
cuestión de saber venderse publicitariamente. Para mí esa
tarea es la más difícil. Hay gente que tiene condiciones
innatas para ello y me asombra ver cómo se benefician a costa de
esta habilidad.
En este caso pedalear puede ser lo de menos, total: si se puede dar pedaleando
menos de lo que pedalea un obrero a diario para ir a la fábrica.
Una vez que se llega a un lugar interesante, se puede desarrollar una
historia con los personajes del lugar, que sea atractiva y luego rentable.
He encontrado cicloturistas que rompían con el ideal deportivo:
gordos, fumadores, viciosos, para los cuales la bici no tenía porque
ser sinónimo de esfuerzo. ¿Por qué no?
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