Odisea del Himalaya en bicicleta
Cruzar la cadena montañosa más alta del mundo y llegar a los pies mismos del Everest, es un tour que agencias de Nepal y Tíbet ofrecen como una gran aventura en 4x4. Hacer este recorrido en 2x2 -dos piernas y dos ruedas- es el gran desafío para muchos cicloturistas.
Audacia grande la de algunos, que se embarcaban en esta riesgosa expedición y que a pesar de esto argumentaban que más allá del desafío físico, les interesaba la experiencia con la cultura tibetana y los hermosos paisajes.
Pedalear a 5200 m.s.n.m. puede resultar muy difícil y quizás imposible para algunos. A veces personas entrenadas tienen una peor respuesta a la altura que otras que no lo están. La adaptación a la altura es un enigma, la respuesta orgánica la descubrimos sólo "allá arriba". Para quienes jamás pedalearon en la puna, se les planteaba como un gran interrogante. El optimismo del grupo era fundamental para evacuar la torturante intriga de una descompensación por el "mal de altura". Llegado el caso de que se produjera mal agudo de montaña en algún participante este debería ser evacuado terminando así su viaje.
El mérito de los participantes se veía resaltado por el hecho de que ninguno de ellos era un gran deportista ni entrenaba de forma profesional. Sin lugar a dudas para ellos era la gran aventura y como organizador para mí era la travesía organizada más importante que había encarado. Es diferente planificar un evento a nivel del mar y en tu país, en donde no existe el ingrediente extra de la burocracia china, quizás el detalle más infranqueable del viaje
Deportistas o locos, el grupo quedó conformado por gente de objetivos claros que sabían a lo que se enfrentaban y que habían aceptado las condiciones de un reglamento. Temperaturas extremas, condiciones de los caminos, porcentajes de las pendientes, campamentos, comidas y hasta imprevistos, habían sido programados.detalladamente. Ellos confiaban en mí y yo me guardaba un margen como para que después les pudiera brindar un poco más de lo que se había establecido.
El promedio de edad del grupo rondaba los 50 años, Julio S. ostentaba 64. La mayoría había dejado a sus hijos expectantes o a sus nietos viendo como el abuelo realizaba el sueño del pibe y pedaleaba como el mejor ciclista... rozando el " techo del mundo"

Comienza la Odisea
A partir del atentado terrorista a las torres gemelas, la incertidumbre por la respuesta física al Himalaya pasó a segundo plano. Yo ya estaba a punto de viajar, lo hacía 20 días antes para coordinar todo y empecé a recibir llamadas. Las preguntas que me hacían eran: "¿Viajamos?, ¿vos estas seguro? ¿qué noticias tenés?".
Les argumentaba que lo peor que nos podía llegar a pasar es que se cerrara momentáneamente algún aeropuerto. Trataba de imaginar las escenas familiares de cada uno: "¡Vos estas loco! ¿como vas a ir allá?". Sin embargo yo estaba convencido de viajar y lo hice. Había viajado con muy pocas cosas y en esos días tendría que comprar todo el equipo de campamento en un acalorado y exigente ejercicio de regateo y negociación. En Katmandu nadie hace ninguna transancción sin regatear, por lo que te piden 100 quizás lo puedas obtener por 10 o menos.
Mohan Kunwar, era mi contacto, él me había ayudado a entrar a Tíbet cinco años atrás y en esta ocasión coordinábamos en conjunto con una agencia china de Tíbet, todo el apoyo necesario. Permisos para transitar en bicicleta, vehículos de apoyo, aéreos de regreso, etc. Conmigo también estaba Marcos, un amigo español, como colaborador y ayudante.
Todos viajaron con una tensión extra y con un estrés que influyó en la preparación psico-fisica. Dos días antes de volar fue derribado un avión ruso en el espacio aéreo que tenían que cruzar para llegar a Nepal. Hubo a quienes viajar a Katmandu se les planteó como una prueba de decisión y coraje más difícil que la propia de cruzar pedaleando el Himalaya. Cuando con Mohan recibimos a la gente se suponía que Iniciábamos "2001: Odisea del Himalaya en bicicleta" . Por lo que vimos, parecía que la odisea ya había comenzado.
Los rostros largos y cansados de los ciclistas fueron adornados por una guirnalda floral de bienvenida -así es como se acostumbra recibir a los turistas en Nepal-. Era el momento de relajarse, ya estaban con los pies sobre la tierra y pedalear debería ser más fácil que volar.

Un mundo diferente
En Nepal como en otros países que estuvieron bajo la influencia inglesa, se maneja por el lado izquierdo, con el ingrediente de que lo hacen al estilo oriental.
El trafico se podría describir como un infierno de ruido y smog, en el cual cada uno carga todo lo que puede llevar encima y se mete por todo hueco por donde pueda pasar. Si sos optimista, lo podrías describir como una alegre comparsa de color en donde a pesar del aparente descontrol, todo está ordenado y siempre se mantiene la premisa fija de conservar el buen humor.
Todo resulta nuevo, en el espacio superpoblado de los angostos callejones de Thamel, cada instante y cada cosa se presentan como una atractiva curiosidad. La colorida vestimenta de la gente, las facciones, los olores, los ruidos y por sobre todo la novedad de que uno se puede llegar a sentir importante a cada paso que da. En este país jamás se es un desapercibido extranjero, como se lo puede ser en Europa. Acá no se tienen inhibiciones y un vendedor es capaz de seguirte kilómetros en un juego de regateo en donde el vender pasa a segundo plano. Por momentos se puede pensar que el regatear es el deporte nacional. Independientemente de que te quieran o no vender algo, el "Namaste" (Hola, bienvenido), te lo puede dar cualquier anónimo transeúnte, que lleva una sonrisa brillante a pesar de los harapos. Todos quieren ser amigos y es muy difícil detectar un mínimo bosquejo de agresión. Si aprendiéramos de esta gente a sonreír y tener paciencia, el cruce del Himalaya sería un trámite y la vida mas feliz.
Visitamos la plaza Durbar, un antiguo centro religioso, con interesantes monumentos y en donde por sobre todas las cosas hay mucha gente: religiosos, santones, vendedores, turistas burgueses y aventureros. Todos están ahí desfilando y brindando un espectáculo digno de detenerse a mirar. Es recomendable emular la pasiva actitud de una vaca, ella parece estar ajena al "circo", rodeada de palomas que van, vienen y se le paran en el lomo.
Seguramente no soy el más indicado para describir la sorpresa de alguien que recién desembarca y pasea por Katmandu pero me viene a la memoria algo que me dijo Ricardo: "Con esto que estamos viendo, ya el viaje esta pago y valió la pena hacerlo"..
Mientras que la gente "aclimataba" paseando, yo fui a buscar a Giancarlo, el único participante italiano (ya había hecho con nosotros el cruce de la Patagonia). No había podido hacer los arreglos aéreos y llegaba casi sobre la hora de largada. Como si fuera poco, el también había tenido sus peripecias: el día que salió de Milán, un avión chocó con una avioneta.

"Quickly, quickly"
En Thamel a cualquier hora y en todas las esquinas se pueden encontrar taxis-bicis (rickshaw). Estos son los vehículos más prácticos y rápidos para trasladarse en la congestionada ciudad. Dentro del grupo hubo quien por necesidad y un poco por curiosidad quiso poner a prueba la capacidad de un "colega", gritando insistentemente: "Quickly quickly", (rápido rápido)! Probablemente el tipo no se sorprendió de la exagerada impaciencia occidental, pero se esforzó al punto de sorprender con su maestría de conduccion. Quizás se imaginó que satisfasiendo al apurado pasajero obtendría unos centavos más. No fue asi, pero igual no importaba: no tenía que pagar alquiler ni impuestos. Esa noche como todas, dormiría en su bicicleta y quizás, con la ayuda de "Ganesh" lo despertara un generoso pasajero.
El chofer, un verdadero profesional de la bicicleta, tenía un interesante equipo de 120 kg: pedales modelo "Shimano de madera", acompañados de sandalias de goma, 100% respirables e impermeables, sin trabas y adaptables a cualquier superficie. Amortiguación en el asiento a base de un grueso alambre retorcido. Frenos a barilla, de esos que jamás se cortan. Un mullido asiento para dos pasajeros que a su vez tenía la protección de un pequeño techo. Espejos retrovisores, bocina, unas flores de plástico en el frente del manubrio y por supuesto una colorida estampita de algún dios. Se me viene a la memoria la frase de alguien que me dijo: "La caja del camión es muy dura para mí" (el muchacho había sido afectado por el mal de montaña). Para la próxima edición estoy pensando en contratar media docena de estos "sherpas del pedal" para darle más confort a mis clientes.

Pedaleando en Nepal
La ruta que une Katmandu con Lhasa, se lllama " Ruta de la Amistad", en su recorrido de 1000 km solamente un 10 % transcurre dentro del territorio de Nepal. Salir de la congestionada Katmandu y retomar esta ruta fue más fácil de lo que la gente suponía.
La salida de Katmandu la hicimos a las 6 de la mañana, en estos lugares la gente comienza la jornada temprano y ya en las calles habia caravanas de ciclistas. Cerca de los 15 km, el tránsito se calmó y nos encontramos en el verde Valle de Katmandu en donde casi no hay rincón sin alguna terraza o plantación. Después de algunos kilómetros de subida alcanzamos los 1500 y ahí comenzamos un descenso de 25km, hasta bajar a los 500m.s.n.m. Por algunos días ya no tendríamos bajadas, habíamos descendido a lo más bajo de los valles del Himalaya para iniciar quizás el más largo ascenso del mundo!. En los próximos 180km trepariamos hasta los 5200m.s.n.m.
El puente sobre el río Bhote Kosi, a las afueras de Dolalghat, marcaba simbólicamente la línea de largada. Casualmente en ese punto nos encontramos con un grupo de ciclistas europeos que venía bajando desde Lhasa, con los rostros curtidos por la dureza del altiplano tibetano. Para ellos la experiencia había sido dura y un poco dudaban de que nosotros pudiéramos realizarla al revés. Dada la fuerte pendiente que hay, actualmente varias agencias de turismo aventura, realizan esta travesía como un largo descenso en el cual pueden participar todos. En los últimos años creció mucho esta modalidad de viaje en la cual los ciclistas bajan todo lo que pueden y cuando se presenta una subida, ascienden al vehículo de apoyo. Es raro que a alguien se le ocurra hacer el circuito subiendo, para la mayoría de los cicloturistas lo más lindo es bajar. Algunas guías de viaje, como Lonely Planet advierten que el Departamento Chino de Turismo no permite realizar este recorrido en sentido inverso.

Costumbres del pueblo Sherpa.
Al ver los micros que nos pasaban nos sentiamos afortunados de ir en bicicleta. Adentro de ellos, la gente va apretujada, sin ningún tipo de pudor y la temperatura se eleva varios grados. Los afortunados son los que viajan en el exterior, estos transportes tienen una capacidad increíble: en el techo son capaces de llevar a 25 personas con animales y carga. Están acostumbrados a hacer equilibrio y a viajar colgados, ya desde chicos se puede ver a los pibes jugar a "abordar el micro". En las cuestas en donde disminuyen la velocidad, los corren y por la escalera trasera, suben hasta el techo, pocos kilómetros adelante se bajan. Algunos que no pueden trepar se divierten, corriéndolo y pegándole a la chapa. Viendo esta costumbre se puede comprender cómo cuando uno pasa con la bici los pibes te corren y a veces hasta se cuelgan de las alforjas.
Es raro pasar desapercibido por alguna aldea del Himalaya y que no te saluden a gritos. La gente por lo general busca acercarse y algunos se muestran orgullosos y gustosos de que les saquen fotos. Los chicos, se acostumbran a llevar grandes cargas y a esto ya no se lo toman como un juego, sino como un oficio real que iran puliendo durante toda su vida. Los sherpas siempre han sido grandes porteadores; increíblemente con una sencilla cuerda o faja se las arreglan para llevar todo tipo de cosas. El sistema es muy sencillo: con la cuerda rodean el bulto que van a llevar y se la traban en la frente, con un trapo entre medio. Nunca los he visto engancharse las fajas a modo de mochila, parece que tanto varones como mujeres, son "cabezas duras" por naturaleza.
Este pueblo de etnia tibetana pobló esta region de Nepal hace 600 años atrás y fue recién a partir del ascenso de Edmund Hillarry al Everest, en el año 1953, que se hicieron famosos. La cumbre de la montaña más alta del mundo fue pisada por primera vez por el neocelandes y por su ayudante sherpa Tenzing Norgay. A partir de esa heroica conquista Hillary dedicó parte de su fortuna y trabajo a ayudar a este pueblo.
En la frontera de Tibet, tuvimos el auxilio de una grupo de sherpas. Nuestro camión no pudo cruzar el pueblo de Kodari, que queda en la frontera, porque otros transportes se habían atascado en el camino. A pesar de ser esta la ruta mas importante con Tibet, es común que se produzcan derrumbes y atascamientos de vehículos. Como algo habitual los sherpas nos esperaban para hacer un trabajo que realizan a diario, transportar las cargas hasta los camiones chinos que esperan del otro lado. Los chinos no permiten el ingreso de vehículos de Nepal y este es un tramite habitual. Este trabajo es como una especie de carrera de obstáculos de dos kilómetros en la cual esquivan el congestionamiento vehicular, animales y personas.
Mohan reclutó una docena de sherpas que, ansiosos por trabajar, ansiosamente agitaban las tiras de porteo. Dentro de la bandita se encontraban mujeres y chicos todos con el mismo entusiasmo y profesionalismo esforzándose por cargar todo lo que pudieran. Sin importarles que por llevar una caja de más o menos, les pagaran la misma cantidad de rupias.

Chinos poco amigables
Hace cincuenta años los chinos se apoderaron de Tibet. El Dalai Lama, líder religioso del Budismo Tibetano, huyó en 1959 con miles de tibetanos que aun viven en el exilio. Hace diez años que los chinos tienen una política de apertura hacia los turistas. Esta es muy limitada y para ingresar a Tibet hay que cumplir con varios requisitos.
A partir de la apertura china, la ruta que une Nepal con Tibet fue bautizada como la "Ruta de la Amistad". Irónicamente, en el Puente de la Amistad, que divide Tibet de China, encontramos un decepcionado ciclista barcelonés. Había ascendido durante dos duras etapas y ahora el único consuelo que le quedaba era el de saber que el regreso sería en bajada por el mismo camino. Por más que insistía los chinos le exigían que ingresara en un tour, con estadía y regreso ya establecido por una agencia de viajes. Este mismo problema se me hubiera presentado a mi 5 años atrás, si no me hubiera informado y conectado con Mohan, quien me ayudó a ingresar de forma semi-clandestina.
En esta ocasión a pesar de tener todos los papeles en regla se nos produjo una larga demora. La policia china es muy dura, habíamos hecho todo bien y casi no pasamos. Por suerte nos encontrabamos en la Ruta de la Amistad y la Fortuna nos habia favorecido.
A partir de ahí, tendriamos que sufrir otros siete controles, pero el mas difícil habia sido superado. A nuestro colega hispano le ofrecimos intentar pasar con nosotros. Hacía semanas atrás una agencia china, con la cual trabajaba Mohan, había obtenido del Depto. Chino de Turismo, nuestro permisos de ingreso y de circulacion en bicicleta. No teníamos por qué preocuparnos, estaba todo perfectamente coordinado: en la frontera nos encontramos con Nima, nuestro guía tibetano con otro camión de apoyo. El asunto venía bien encaminado y el grupo de porteadores ya había cruzado todo el equipo. Hasta que el chino del control policial descubrió una diferencia en un número de pasaporte y lo arrojó despreciativamente. El incorruptible oriental no se inmutaba ni demostraba el mínimo interés en buscarle una salida al problema. Directamente Julio se quedaría del otro lado de la frontera viendo como sus compañeros se iban!!!. En nuestra lista de grupo estaban nuestros nombres completos, profesiones, alguna referencia más y en los pasaportes las visas de China. Pero era necesario que todo estuviera perfecto y el chino veía como una posible trampa la diferencia del número de pasaporte. Todo coincidía, salvo ese numero. Como todo coincidia le supliqué que tuviera en cuenta la suma de coincidencias y viera que si de números se trataba, la fecha de nacimiento de la lista también era la misma que la del pasaporte deJulio. La espera se hacia interminable y por si el chino no entendia ingles, Nima le traducia en chino. El corazón me latía mas fuerte que en la cuesta mas dura y Julio increíblemente armado de paciencia oriental parecía imperturbable. El grupo esperaba y el tiempo corría, la aduana ubicada a 6km adelante cerraba a las 16 hs y nos quedaba menos de una hora.
Finalmente el implacable policía, no por piedad ni nada parecido, sino viendo que la suma de coincidencias nos favorecia, nos dejó pasar. El amigo español, adivinando que su presencia nos podia perjudicar gravemente si descubrían que el queria pasar con nosotros antes de que finalizara el drama, dio media vuelta y se fue.
La policia china es muy dura, habíamos hecho todo bien y casi no pasamos. Por suerte nos encontrabamos en la Ruta de la Amistad y la Fortuna nos habia favorecido.
A partir de ahí, tendriamos que sufrir otros siete controles, pero el mas difícil habia sido superado.

De Zhangmu a la meseta tibetana.
Gracias a la demora policial, no llegamos a tiempo para cumplir con el control de aduana que se encuentra al ingresar a Zhangmu. Los policías nos dejaron cruzar al pueblo sólo con lo puesto para pasar la noche y nuestro camión quedó con la carga, esperando al día siguiente. A media mañana, ya que la aduana no abría antes de las 10hs, cumplimos con los requisitos oficiales e iniciamos la etapa tarde. Para salir del pueblo tuvimos que esperar pacientemente que un rebaño de cabras cruzara por la avenida principal. Ese día la demora no importaba ya que era una corta etapa de aclimatacion. Teníamos previsto ascender desde los 2.300 a los 3.700 m.s.n.m. en un ascenso ininterrumpido de 35km. El paisaje espectacular en todo momento, más agreste y despoblado, marcaba una diferencia con el país que dejábamos. El camino se presentaba como una angosta huella con tramos semiderruidos y en reparación, donde algunos ciclistas debían bajarse de las bicicletas; cascadas a nuestro costados y precipicios que a modo de balcón nos deleitaban con el panorama. A medida que fuimos ascendiendo los pinos desaparecieron y empezamos a sentir la desolación del altiplano. La temperatura fue disminuyendo.
El lugar que elegimos para acampar era como un mirador entre las nubes detrás de las cuales podíamos ver gigantescos picos de nieves eternas. Las carpas quedaron cerca de una vivienda tibetana y por la tarde nos encontramos con una manada de yaks que bajaban de la montaña.

Campamentos helados
La segunda etapa de pedaleo en Tíbet, fue una lenta y tranquila jornada de aclimatación en la cual fuimos adaptando nuestro ritmos al enrarecido aire del altiplano. Era importante tomarlo con mucha calma: esa noche dormiríamos a mas de 4000 m.s.n.m. y al otro día nos esperaba el paso de La Lung-La (5120m.). La adaptación a la altura dependería de cómo se administraran el esfuerzo en estas primeras etapas. Para la mayoría de los participantes cada día era un triunfo y una satisfacción.
Pasar la noche en alta montaña puede ser quizás mas duro que pedalear durante el día: si uno se sobreexigió físicamente es casi seguro que tenga una torturante noche, con la presencia del mal de montaña.
Teníamos carpas para dos personas que armábamos alrededor de una gran carpa comedor y del camión. Por la noche la temperatura bajaba algunos grados bajo cero y el hielo invadía los campamentos. El consejo era dormir con la caramañola dentro de la bolsa, para que no se congelara y beber todo lo que se pudiera. Si les dolía la cabeza se recomendaba aumentar el espesor de la almohada y elevarla todo lo que fuera posible.
En el comedor se ofrecían bebidas calientes y un espacio para el que quisiera "trasnochar", siempre y cuando se levantara temprano para colaborar en la preparación del desayuno.
Algunos grandes ciclistas resultaban muy malos madrugadores y se veían obligados a realizar el mayor esfuerzo del día: dejar la bolsa de dormir. En esta travesía quedó bien claro que para cruzar el Himalaya en bicicleta no sirve ser solamente el "rey del pedal", hace falta ser un buen campamentista, tener espíritu de grupo y ser buen compañero. Cansancio, frío, apunamiento, uno los puede soportar fácilmente en solitario, pero lo meritorio es cuando los sufrís y te solidarizas con un compañero. Creo que en ese aspecto el perfil de todos era destacable.
-"¡Las sábanas están sucias y la toalla usada!" Alguno se tomaba en broma que en el "hotel", de un paraje que con suerte se podía llamar pueblo, sucediera esto.
- "¡La comida del restaurante es muy picante!". Aunque se escuchaban estos comentarios, ninguno quería volverse a casa.

Aguas termales a mitad de la jornada (Bautismo termal)
Superar exitosamente el primer paso de 5100m. merecía un premio que bien se habían ganado. En la cuarta etapa, tuvieron la sorpresa de Tsamda: un par de casas u hotel estilo tibetano que a 400m. del camino se mimetizan con el paisaje. Quién hubiera creído que en el patio de esas construcciones fluían aguas termales en este país en donde el polvo cubre como un maquillaje constante a la gente y el agua helada de los ríos quema la piel. Estas fuentes se presentan como un tesoro. Algunos se animaron y se bañaron en esa misma agua que también corría por el cuerpo de los curtidos pastores. Un verdadero bautismo a una cultura ya no tan extraña.

A los pies del Everest
Llegar a los pies del Sagarmatha, como lo llaman los nepalíes o Chomolungma, que en tibetano quiere decir "Diosa Madre", fue un hito muy importante para algunos de las expedición. Como quiera que se llame a esta montaña, es la más alta del mundo y centenares de personas dejan la vida o fortunas por ascender hasta los 8.848 m. ¿Qué es lo que atrae a la gente? ¿hay algo mágico en ella o es sólo el hecho de llegar al techo del mundo?. El trekking al campamento base del Everest es uno de los más importantes del mundo, tanto por el lado de Nepal como de Tíbet, aunque desde Nepal lo hacen casi en forma mayoritaria. Miles de personas quieren caminar hasta los pies mismos de este gigante y contemplarlo desde lo más cerca que se pueda, a una distancia desde la cual imaginar tocarlo no es tan difícil.
El trekking de 8km lo iniciamos en Rongbuk (5030m) temprano por la mañana, con un helado viento en contra y alrededor de -15º C. Para algunos de los ciclistas haber dejado la bicicleta y caminar, fue más duro que pedalear. Otros argumentaban que el viaje en camión hasta Rongbuk había sido inhumano y que la caminata no lo era tanto. Los optimistas, se divirtieron con el camión y en todo momento se compenetraban con la aventura. Este esfuerzo y la experiencia de estar ahí tuvieron un significado personal que para cada uno será mas o menos trascendente.
En esta época, el campamento base se encontraba despoblado y apenas unas diez tiendas de campaña constituían toda la población. El poco movimiento que había daba una triste sensación. Era lógico, ya estaban fuera de temporada y esta ruta es más difícil que la ruta sur o de Nepal.
En Rongbuk se encuentra un monasterio, que funciona como refuerzo de un vecino albergue. No dan abasto de capacidad y trabajan en condiones precarias que por cierto para algunos fueron un lujoso recurso. La vista desde ese lugar vale muy bien la pena.

Gyatso-La (5220m.s.n.m.): prueba superada
Al iniciar la etapa algunos sintieron mucho el frío, a pesar del excelente calzado hubo quienes se bajaron de la bici para caminar y entrar en calor los pies. La noche anterior no había sido buena para Raúl B., él medico del grupo, que estuvo fiebre, ni para Braulio que se sintió ahogado. Al levantar el sol el entusiasmo era generalizado y hasta los que habían estado enfermos pudieron pedalear en toda la cuesta. La gente ya estaba adaptada a la altura.
Cinco años atrás había hecho todo este ascenso en solitario. Al llegar a la cumbre estaba hambriento y me encontré con pastores que me invitaron con su único pedazo de pan. En ese despojado lugar de la tierra en donde un montículo de piedras con banderas de oración no alcanzan como reparo, un gesto así resulta inolvidable.
Esta vez, los muchachos también estaban ahí, pero yo tenía la compañía de un grupo y de un camión del cual descargué una abundante provisión de galletas y comida. Los papeles se habían invertido.Una aventura con riesgos.
En Shigatse nos tuvimos que despedir de tres participantes. Ellos se acercarían a Lhasa y nos esperarían ahí. Uno de ellos tuvo la desgracia de no poder aclimatarse y hacía una semana que venia sufriendo en el camión. Sin importar la condición física, hay gente que jamás se adapta a la altura. La mujer de éste lo quiso acompañar, prescindiendo de pedalear los últimos 360km. A esta pareja se les sumó otro mas, que por una peligrosa e inoportuna lesión, no podía viajar en el vehículo de apoyo.

Camino a Gyantse: La etapa más dura del viaje fue plana
A excepción de Lhasa, Shigatse y Gyantse, son las dos ciudades más importantes de Tíbet. Los chinos se encontraban trabajando en mejorar la comunicación entre ellas. Para asfaltar era necesario realizar movimientos de tierra y construir nuevos puentes. Esta región esta poblada por agricultores y posee una vital red de riego la cual tenían que respetar. Los conductos fluviales entorpecían mucho el trabajo y nuestro andar. Nos encontramos dentro de una enmarañada red de caminos pedregosos, huellas arenosas, campos arados y bados que superar. -"Vamos por allá... No, mejor por acá..."
No podemos negar que esta jornada fue de las más divertidas: fuimos descubriendo el corazón del Tíbet y vimos como la gente aun realiza las tareas agrícolas con métodos muy primitivos y manuales. En todo el recorrido tuvimos la compañía del río Nayang Chu, al cual utilizábamos como referente para no perdernos.
Cuando quisimos acordar se nos hizo de noche, hubieran sido 90, planos y fáciles kilómetros. En el programa la tenía como una etapa de recuperación y descanso, que se transformó en una larga jornada de 110 km de cross country.

Tres pasos para el triunfo
El día 22 de octubr,e cuando ya llevaban 13 jornadas, el grupo se sintió cansado. Para algunos resultó dura la etapa de la noche anterior a Gyantse. Al llegar al primer paso se encontraran con la vista de un sorprendente lago de aguas turquesas. El camino descendió a sus costas, el humor de la gente mejoró y finalmente acampamos en un angosto valle. Esa noche festejamos con un pastel el cumpleaños de Raúl B. y de Jorge M. El día 14 (23/10), casi como un trámite superaron el Karo-La (5050m) y descendimos al lago Yamdrok. Este lago por su curiosa forma también se lo llama "escorpión", se encuentra a 4500m sobre el nivel del mar.
Al ver embarcaciones me vino a la memoria el Titicaca, que estando a 3700m.s.n.m. tiene la errada fama de ser el lago navegable más alto del mundo. Los tibetanos están ajenos a este, para ellos es un lugar sagrado y lo visitan peregrinos desde alejados parajes del Tíbet. Para nosotros fue un hermoso lugar en donde acampamos y para los chicos del lugar nuestra presencia fue trascendente: ¡les lavaron la cara!. Ese día, igual que en los anteriores campamentos, se nos acercó un grupo de chicos curiosos, como todos en esta región, tenían la cara cubierta de un espeso maquillaje de polvo. Fue Raúl B. quien sintió curiosidad por verles la cara y se atrevió a limpiárselas con toallitas higiénicas. Los pibes mas que espantarse se divirtieron con la paternal actitud y se prestaron con muy buen humor. Las sonrisas, con la cara limpia, les resaltaron más que nunca. Día 15 (24/10): En esta última etapa teníamos previsto llegar a Lhasa siempre y cuando pudiera pedalear los 130km que nos separaban del destino final. Temprano y a modo de entrada en calor, se nos presenta el último paso de la travesía: Kamba-La (4800mt).
Como premio a nuestro esfuerzo las rampas del ascenso, se nos ofrecían como un balcón a las mejores vistas de la travesía. En la cumbre, algunos se sintieron en el cielo y disfrutaron de la gloria de haber completado la gran travesía. Se abrazaban y felicitaban recíprocamente.

Llegada a Lhasa: polvo, viento y frío.
Parecía todo muy fácil: 25 km de bajada y luego 80 de asfalto bordeando el río Brahmaputra, pero todo cambió...antes de llegar al río se nubló, como si se viniera el gran diluvio y se desató una fuerte tormenta de viento y polvo.
Este tipo de tormentas, son habituales en Tíbet, el grupo había sido advertido de las mismas y resistió como a un pequeño obstáculo más.
-"¡Por fin llegamos!". En Lhasa como en todos los pasos de alta montaña, Raúl L. elevó su bicicleta triunfalmente.
A partir de Lhasa y de los días restantes veríamos si detrás de ese nombre que tanto misterio insinuaba, había algo especial o simplemente la ciudad de los lamas tibetanos se transformaría en el final de un triunfo deportivo.

Que nos quedó del Himalaya
En las calles de Lhasa eran mayoría los chinos, poco simpáticos y muy buenos comerciantes. Le han cambiado el perfil a la ciudad. A pesar de la invasión china los tibetanos conservan su religiosidad y en los monasterios se pueden encontrar centenares de lamas, para ir a esos lugares es necesario pagar una entrada, regulada por el departamento de turismo chino, que a veces es exagerada. En Lhasa visitamos santuarios del budismo tibetano y el ostentoso Potala, antigua residencia del Dalai Lama que encierra tesoros dificiles de describir. Los lamas ingresan al monasterio desde los 7 años y recién a los 20 toman los votos de monje. Para las familia es un orgullo tener un hijo monje. Para alguno de nosotros el contacto con los lamas había sido parte del motivante de la travesia.
El sentimental y fuerte fervor religioso se puede ver en los peregrinos. Ellos no paraban de hacer abluciones y recitar oraciones enfrente al Potala y Jhokang. Algunos daban vueltas a los lugares sagrados arrastrándose y otros habían venido a pie y también a rastras desde las montañas más lejanas. Creo que en esos inolvidables rostros curtidos se manifiesta el propio retrato de Tibet. Gente que vive en "La Morada de los dioses" y es capaz de cruzar varias veces el Himalaya por amor a sus dioses.
Si alguno de nosotros pensaba realizar una proeza deportiva o algo parecido, después de ver a estos peregrinos: no le quedara más que meditar en lo rico que somos materialmente y lo pobre que somos en espiritualidad. Nuestro esfuerzo es incomparable al de esta gente pero probablemente después de esta "Odisea del Himalaya en bici" todos hayamos crecido un poco en humildad.

Colaboradores: Ansilta, indumentaria para ciclismo y montañismo de la mejor calidad y fabricacion Argentina. Basset: indumentaria deportiva. Halawa: equipamiento y alforjas para el cicloturismo.