Las primeras aventuras
Alguna vez, para mí fue una aventura realizar los 45 Km que separaban mi casa de la escuela agraria a la que iba cuando tenía 15 años, sin ningún tipo de conocimientos sobre el ciclismo, vestido de civil, con jeans y un bolso con los libros. Llegar a la escuela con mi bici de media carrera de tres cambios me significaba encarar el desafío de un largo viaje... El tiempo fue pasando, fui adquiriendo práctica y sobre el final de ese año el viaje pasó a ser una simple rutina que podía realizar a diario. Más adelante, con 17 años y sin haber salido nunca de campamento, monté una mochila con comida enlatada sobre la bici de media carrera (que ya tenía tubos) y salí de La Plata con todas las ganas de llegar a Junín de los Andes. En el camino, descarté la mochila, me di cuenta de la importancia de las alforjas, de que la carpa sin la bolsa de dormir y la colchoneta aislante no servía (era el final del invierno y hacía frío), y de otras tantas cosas elementales y que para mí eran desconocidas. Llegué a Junín, semidestruido y concretando una travesía de supervivencia, en vez de cicloturismo. Ahora los equipos y el conocimiento están al alcance de cualquiera, el cicloturismo existe en Argentina y está afianzado. En aquel entonces yo veía a Ushuaia, como la "lejana ciudad del fin del mundo" y me gustaba imaginar que algún día iba a llegar en bici. Era incapaz de imaginar que más adelante uniría en dos oportunidades esa ciudad con la Quiaca, pasando por las 23 provincias de la Argentina. En Todo este tiempo aprendí montones de cuestiones técnicas que antes me eran desconocidas, pero lo más importante fue afianzar lo que ya sabía; "con la bici y las ganas se puede llegar a cualquier lugar". La distancia es sólo cuestión de tiempo y con paciencia y tiempo se doblega. Casi todos los que hacen un viaje en bici y le toman el gusto piensan en volver a hacer otro por nuevos lugares, hacer uno más largo o salir del país. La curiosidad y la posibilidad de vivir nuevas aventuras, son inagotables y renuevan constantemente a la actividad. La mayoría se ve limitada por el tiempo y las obligaciones pero si se dispone de tiempo y se tiene el deseo armar una vuelta al mundo no es algo tan caro y se pueden seleccionar montones de trayectos y posibilidades más económicas. E incluso si se tiene una propuesta interesante que ofrecer, se podría encontrar algún patrocinante, pero hay que tener en claro que los patrocinantes no le pagan las vacaciones a nadie. Una vuelta tan grande ofrece muchas variantes de recorrido, para todos los gustos... Cuando la planifiquemos tenemos que partir de la base de cual será nuestra modalidad de viaje, es decir si vamos a pedalear todo el trayecto que sea posible o si alternaremos con otros medios de locomoción por donde no podramos pedalear o en donde no nos guste el paisaje, dando una vuelta al mundo en bici de carácter simbólico. Con un mapa general se pueden determinar los países por los que se irá a pasar, para luego visitar las embajadas y conseguir un mayor asesoramiento que nos interiorice de las posibilidades de ingreso, formalidades y de la situación social que los determine como adecuados para pedalear o no. En los mapas específicos de cada lugar podemos ver: las distancias, el relieve y el clima, condiciones que servirán para evaluar el grado de dificultad y de transitabilidad veloz o lenta. También se pueden consultar libros sobre la región que vamos a visitar que funcionan como guías de trotamundos. Realizar una vuelta al Mundo con dirección de occidente a oriente resulta más fácil por el Hemisferio Norte. Tenemos mucho más territorio para recorrer con la bicicleta y menos océanos que se interpongan en nuestro camino. Después de haber recorrido toda América, desde Ushuaia a Alaska, me embarqué en el proyecto de dar una vuelta al Mundo por el Hemisferio Norte. España me pareció el país estratégicamente mejor ubicado de Europa para iniciar la Vuelta. Monovar, un pueblito de la provincia de Alicante donde tengo amigos, fue elegido como punto de partida. Mi objetivo no se limitaba a completar una circunvalación de globo linealmente, la inquietud pasaba por visitar lugares que me resultaban interesantes para lo cual tendría que pedalear más distancia al realizar desvíos. Entre los objetivos de esta vuelta estaba el deseo de llegar a: Nordkapp, punto extremo norte de Europa, en el Artico; cruzar Medio Oriente; Tíbet, atravesando el Himalaya; el resto de China, camino a Pekín y finalmente América del Norte por un helado Canadá en invierno, enfrentándome a situaciones que no tienen nada que ver con el cicloturismo que llevan una filosofía totalmente diferente. DOCUMENTANDO UNA VUELTA AL MUNDO Siempre y cuando les guste coleccionar sellos, cargar con cuadernos y sumar datos, podrán documentar formalmente, y eficientemente el desarrollo de su viaje. La utilidad de este formalismo es múltiple: al certificar y registrar el desarrollo del viaje, se consigue más credibilidad y así se da el toque de cada persona que escribiendo en nuestro cuaderno nos deja su apreciación en un idioma entendible o en otro exótico e inentendible, caracteres que guardaremos como un presente muy original del lejano país que visitamos. El cuaderno que llevaba, con el tiempo y la suma de notas, se transformó en un "libro escrito por la gente del mundo". Al abrirlo en cada lugar donde paraba, la gente se entusiasmaba mirándolo, les resultaba interesante y todos a los que les daba la posibilidad de escribir una nota en él, se sentían halagados. Sin lugar a dudas fue un gran recurso para acercarme y conectarme con la gente. Aparte de este libro, llevaba otro donde iba volcando mis experiencias y que funcionaba como diario de viaje en el cual sintetizaba mis observaciones a modo de machete que luego me servían para recordar y revivir los momentos de la travesía. Junto a estos cuadernos llevaba tarjetas para cada etapa, en las que acumulaba todos los datos técnicos de la jornada; un cuadro gráfico con el perfil de cada etapa, (alturas, desniveles, distancias, localidades.), condiciones climáticas del día (temperaturas extremas de la jornada), velocidad, promedio, tiempos de las paradas, distancia total y parcial de todo el viaje, tiempos totales y parciales y desnivel total y parcial. Utilizaba dos ciclocomputadoras, una con altímetro y un reloj más eficiente con altímetro para corregir posible error de éstas. Todo lo que comía en cada jornada y referencias de cada etapa con observaciones objetivas y subjetivas. Al estar limitado por la capacidad de mis alforjas, no podía cargar con presentes de los lugares por donde pasaba, entonces adopté como hobby el hecho de enviarme tarjetas postales. En ellas tenía imágenes de los lugares que visitaba y una estampilla y sello que documentaban mi paso. Me gustaba escribir las estadísticas del viaje y frases de aliento que me animaban mucho. En total envié 270 tarjetas de las cuales 45 fueron a mí mismo. Solamente Rocinante y yo conocemos el valor de estos pequeños souvenirs, que para nosotros eran grandes trofeos que ganábamos rodando miles de kilómetros. Después de haber cruzado toda Europa, Asia y América del Norte me restaba volar a Europa para finalizar en una última jornada de pedaleo, la vuelta al mundo. Ese fue el momento que escogí para enviar mi tarjeta más especial, en la cual se encontraban los dos amigos que me habían acompañado todo el tiempo y me esperaban del otro lado del océano... En Madrid con mi amigo Marcos que me había despedido hacia más de 7 meses, nos reencontramos y fuimos a visitar a los dos viejos amigos en la Plaza España. Trepar a la estatua del Quijote subirme a Rocinante y colocar las dos banderas, argentina y española, con las que di la vuelta al mundo, en las manos del Quijote fue una forma de rendirle honor a este personaje de Cervantes al que adopté como ídolo en el que veo; "la desinhibición, el idealismo y un deseo irrefrenable por vivir aventuras" como fuente de motivación. La distancia que separa la capital española de Monovar, el pueblito España desde el cual había empezado la odisea, es de 390 Km. La euforia me llevó a cubrir esa distancia en una sola jornada que comencé a las 0 hs del día 22 de Febrero de 1997. El viento en contra no resultó suficiente obstáculo y cuarenta kilómetros antes de llegar me encontré con un pelotón de ciclistas amigos que había salido a recibirme a partir de ahí a medida que me acercaba se fueron sumando más ciclistas, mis antiguos amigos y ciclistas anónimos transformaron el pelotón en una larga caravana que sobre el atardecer ingreso al pueblo por calles llenas de gente alentándonos. Acostumbrado a las grandes distancias en soledad recibí una impactante sorpresa, como remate final en el Ayuntamiento se encontraba el alcalde y casi todo el pueblo. A pesar de que al viajar me había sentido ciudadano del mundo la gente de ese lugar me dio la agradable sorpresa de sentir que regresaba a casa. Yo sabía que sin lugar a dudas Rocinante sólo descansaría un poco, para retornar a sus andanzas e iniciar una segunda Vuelta al Mundo por nuevos continentes con nuevas aventuras.